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La Coctelera

Categoría: Historias eroticas

Reencuentro ... II parte

El taxi en silencio subía por las calles nocturnas, miradas coquetas que se paseaban nerviosas de un lado a otro, miradas entre el espacio y el cuerpo de la otra persona, miradas buscando miradas, ojos que se encontraban, sonrisas contenidas que al fín pueden ver la luz.

La entrada al departamento fue muy tranquila, ambos aparentaron tranquilidad en cada paso; al cerrar la puerta, las manos se entre cruzaron con fuerza empezando a descargar la pasión contenida, uno frente a frente; ya hubo mucho tiempo para mirarse, los labios cargados de sed la aplacaron en un beso largo y tendido; la ternura arrastrada por todo el camino dio lugar a la pasión, el fuego de ambos cuerpos desbordó sin pensar, sin dar tiempo a que el cerebro les indique que no, las dos bocas se acariciaron y los labios soltaron gemidos encendidos.

Las manos de él se deslizaron rápido sobre su cuerpo, la pasión controlaba cada movimiento, pero la ternura y su amor por ella lo hacían tratarla con delicadeza, aquellas manos se colaron debajo de tus ropas, acariciando su piel, acariciando cada poro … Sus besos bajaban lentamente por sus contornos explorando lo que había sido por seis años, solo suyo. La sensación de que el amor nunca se terminó lo invitaba a recorrer los rincones del cuerpo de su amada.

Ella, sentía como esos hábiles dedos entraban alrededor de su cuerpo, cada paso que él daba le producía mucho placer, aquellos besos que conocían toda su piel la extasiaban en cada centímetro que la exploraban, esos besos… esas caricias… control perdido, entregada al amor de su vida, entregada a aquel hombre que nunca la dejó de amar.

Miradas entre cortadas, gemidos lanzados a la noche, caricias de ambos, uñas que recorrían espaldas, agitación del cuerpo, del corazón … cuerpos desnudos sobre una cama que ambos conocían, cuerpos que formaban uno solo; piernas entre cruzadas, pieles que ya no se podían alejar, besos … y miradas, siempre miradas … nada había cambiado…

Miradas … ambas reflejaban no solo la pasión y amor del momento, mas todos los recuerdos de sus mentes, de sus corazones y de piel; recuerdos del primer beso, recuerdo de la primera vez que hicieron el amor, de aquella vez que ambos (a pesar de sus edades y experiencias) hacían por primera vez el amor; miradas, caricias y sentimientos que… ninguno de los dos volvió a sentir.

Reencuentro ... Parte I

El la veía después de mucho tiempo… algunas veces habían conversado de cosas sin importancia… había pasado tantas horas en soledad pensando en ella, en como estaría, pensando en lo que pudo ser… y siempre su mente volvía a lo mismo… el amor que sentía por ella le despertaba una gran pasión… pensar en sus ojos... su boca… su cabello... su mirada misteriosa y tierna, su sonrisa alegre y coqueta, su cuerpo que destilaba sensualidad con cada movimiento ligero.


Ella también había pensado en cómo sería verlo de nuevo, si había cambiado o no … en sus noches tristes y solas solo podía pensar en él, en cada momento juntos… en cada emoción… no podía evitar soñar con sus ojos, aquellos ojos que la enloquecían cada vez que sentía su mirada clavándose en los suyos. No deja de soñar en cada vez que su piel rozaba la suya, cada vez que su olor la invadía y la inquietaba de tal manera, que todo control perdía.


El clima era perfecto para verse, el calor del día había dado paso a un viento ligero que la noche absorbía, citados en un bar pequeño e intimo, elegante y sobrio… sentados frente a frente la media luz reflejaba las miradas, la música suave le daba al momento, categoría de inolvidable, ambos al intentar hablar, al fin solos, resquebrajaban la voz… sonrisas cómplices, miradas cargadas de amor contenido, cargadas de una complicidad que nunca se acabó, miradas llenas de pasión. Las horas pasaron y dieron paso a una velada tranquila, llena de recuerdos únicos en sus memorias, una velada feliz, olvidando el mundo, olvidando el por qué, ya no estaban juntos.


Deciden salir del lugar, ella adelante imponiendo su presencia en cada paso que daba, esa fuerza y ternura que mostraban sus pasos y su mirada lo enloquecían… él pendiente de ella, de cada movimiento, de cada requerimiento, de cada detalle… ella sabía muy bien que sus actitudes no eran fingidas, así lo conoció y así se enamoró.. y ahora… no la dejan de encantar.


Al despedirse… miradas llenas de dudas, de alegría y amor, pero dudas al fin … él se acerca lentamente quedando muy pegada a ella… un beso se infiltró en la noche… un beso tierno, tierno pero cargado de coquetería y seducción… rozó su piel .. sus labios se mezclaron en la mejilla de ella… y ella… acariciando levemente sus brazos… otra vez mirada cómplice, sonrisa aceptando el agrado del momento. Te acompaño a tu casa, te dejo sanita y a salvo – él le dice. Sí gracias, responde.


El taxi es el lugar perfecto, ambos uno al lado del otro .. Con las manos rozándose.. Hablando de cualquier cosa pero cayendo en silencio, el silencio exacto para mirarse, el silencio exacto para deslizar su mano hacia sus piernas de una manera muy delicada, recordando aquel movimiento que ella le encantaba, y él… encantado con ella. El rumbo fijo tuvo variación, una rápida decisión y el automóvil se dirigía hacia otro lugar…

EL MONJE .... continua

(viene de atras....)

El viento se paralizó de repente, poco a poco el sol subía lentamente, como haciéndolo con pereza, la noche había sido muy larga para el Padre Sergio; sus ojos se perdían en la inmensidad del cielo celeste que le ganaba el espacio a la negrura de la noche.

La noche anterior había llegado de incógnito a un pequeño pueblo, a las faldas del monte Iroc; lo primero que hizo fue entrar a la taberna del lugar; sus ropas de comerciante de libros no llamo la atención de los pueblerinos, quienes acostumbrados a los comerciantes, ya no les hacía gracia la caras nuevas de estos.

El comerciante de libros pidió un plato de comida el cual devoró con angustia, una vez con satisfecho, ordenó cerveza la cual tomaba con toda la paciencia del mundo, fue cuando el tabernero empezó a hablarle…

 

-Y que le trae a este pequeño pueblo…

 

- Soy Comerciante de libros, mi cargamento viene de Venecia, Nápoles y Madrid, estoy buscando nuevos compradores.

 

-Pero este pueblo es de agricultores, no creo que pueda vender nada.

 

- Así es, pero sé que a lo largo de este camino existen conventos y monasterios, siempre son ellos los grandes compradores.

 

- Es cierto, hay muchos a lo largo de la montaña, pero son muy pobres.

 

- Ya veremos, son estos lugares tan dedicados al estudio, donde venderé muchos libros.

 

- HA HA HA, si ud. logra vender al menos 4 libros, no le cobraré el cuarto ni la comida.

 

- Es ud. muy arriesgado, pero me gusta la apuesta, al parecer mi estancia no me costará ni un centavo.

 

- HA HA HA

El Tabernero le mostró el modesto cuarto en donde se quedaría el Padre Sergio, una cama pequeña en el rincón de la habitación, con dos grandes ventanas que iluminaban a duras penas el lugar con la luz que le robaban a la luna. Una vez solo, el monje escribió una nota que al día siguiente enviaría a su superior, esta decía.

“… maestro, mañana empezaré con la búsqueda del manuscrito desde Iroc, donde la pista se pierde…. “

El día aclaró y mostró la fertilidad de sus valles, ríos bajaban de las partes altas de las montañas, y el sol calentaba poco a poco los campos de vid y frutales. El Padre Sergio encaminaba hacia la zona montañosa en busca de los conventos escondidos en lo más profundo de aquel lugar.

Un viejo monasterio se abrió paso entre arboles altos que con su olor húmedo invadían las fosas nasales del comerciante, quien luego de horas de viaje, debía descansar. Amarró los caballos justo frente a una puerta muy grande de madera labrada a mano; el monasterio mezclaba en sus paredes arquitectura de muchos años, así como muestras de innumerables batallas. Ningún alma se movía, ningún ruido, ningún rastro del paso de caballos o carretas; miro hacia el torreón buscando presencia humana, mas no encontró nada, o eso él pensaba. Desde una ventana muy pequeña, dos ojos inquisidores lo analizaban de pies a cabeza. El comerciante se alejó despacio hacia el norte, paso que daba sus ojos se movían locos en busca de señales, y fue una señal lo que vió.

Encontró un ícono que `por si solo no llamaba la atención por su simpleza, pero fue el afán del autor de esconderlo de ojos curiosos, lo que despertó en él la duda del origen de aquel lugar. Sabía muy bien que las paredes no solo escuchan y hablan, sino que también ven, y por tal motivo se recostó sobre un árbol, muy cerca de la señal que encontró; no podía levantar sospechas de ningún tipo. Miraba de reojo aquella imagen, tratando de encontrarle significado, y de recordar donde había visto aquel trazo.

Las hojas cercanas a él se movieron, inconscientemente su mano derecha se dirigió a la espada que ocultaba tras sus modestas ropas, apretó el mango mientras sus ojos escrudiñaban inquietos todo su alrededor, los músculos tensos listos para que de un salto sus brazos y piernas estén listas para el combate. Y de pronto … una túnica blanca muy sucia apareció ante sus ojos, abriéndose paso entre el monte, un anciano monje, con gafas muy gruesas y de caminar pausado lo miró con ojos compasivos.

- Buen hombre, no se asuste, solo son un anciano en su caminar diario, a mi edad, aunque ya me duelan los huesos, debo intentar hacer algo de actividad.

 

- Buenos Días Señor – Agachó la cabeza saludando al anciano.

 

- Que lo trae por esta tierra abandona.

 

- Soy Vendedor.

 

- ¿Vendedor? Uy caballero, creo que se equivocó de lugar, este es un monasterio, tenemos un escaso contacto con el exterior y con cosas materiales, además nosotros mismos sembramos nuestros alimentos.

 

- No se equivoque, vendo libros, y es muy sabido que los monjes son grandes estudiosos.

 

- ¡¡ Libros !! – Sus ojos brillaron al oírlo- Pero claro, en este lugar devoramos los libros. Pero por favor pase, el camino es muy largo y ha de tener hambre.

 

- Para ser sincero así es, por lo que no rechazaré tan amable ofrecimiento.

La pesada puerta se abrió y ambos entraron. Sergio iba delante de su anfitrión, anonadado por el tamaño de las paredes, alcanzaban casi los diez metros; un largo corredor que se iba ocultando de la luz del sol, y paso a paso las antorchas alumbraban el camino. Sergio sobre paro por unos segundos mirando todo el lugar, cual turista miraba la grandeza del monasterio.

- En un pasado, fue un castillo, se gobernó todo el valle desde acá, luego de la invasión mora y su posterior recuperación por los cristianos, el Papa ordenó que nuestra orden se establezca acá para evangelizar.

 

- Wow, y lograron su objetivo?

 

- Para ser sincero, no, la paz del lugar duró muy poco y luego de muchas batallas, nuestro ejército terminó por expulsar a todos los herejes.

 

- Interesante, me permite coger una antorcha para ver mejor el lugar?

 

- Por su puesto, tome esta.

El anciano pensaba e imaginaba que la mente de aquel visitante volaba creando miles de batallas en su cabeza, pero no podía estar más equivoca, aquel hombre de barba muy tupida buscaba nuevos símbolos que le ayudarían a resolver el gran misterio que la Hermandad buscaba. Años de estudios y práctica, dieron sus frutos, al lado de una de las columnas, casi escondido encontró el símbolo que había encontrado a las afueras del monasterio, con la diferencia que a este le habían agregado otros 3. Mientras el monje hablaba de una y otra batalla sucedida en aquel lugar, Sergio aprovechó para copiar muy rápido aquel descubrimiento

Hilos del deseo... continua

 

Los brazos de ella lo rodean... apoyando sus manos sobre la pared, a manera de cerca para impedir que escapara.... Las miradas se cruzan. Una y otra vez... besos leves en los labios... ambas bocas se rozan, cada uno de ellos no sabe como aguantan para no dar besos más apasionada...

Ella se mueve por sus mejillas, sabe que lo inquieta... sube hacia sus orejas... lentamente le susurra.... "me encantas... ", el cierra los ojos... siente que su escudo se cae... siente que pierde el total control de la situación; ella sigue en sus lóbulos, masajeándolos con sus labios, besándolos.... Se aleja nuevamente de él... lo mira... Sonríe... logra ver su rostro de placer cortado, sus ojos abrirse rogando por más; le encanta esa sensación, el saber que ella le causa placer.... Se acerca una vez más, y se aleja... roza su rostro, un lado y el otro...

En unos segundos de lucidez, él descubre como contrarrestar el ataque, sus manos quietas, acarician ahora las caderas de su gata seductora, rodea con sus brazos su cuerpo... apretándola contra sí, besando sus labios... sus brazos le impiden escapar.

Los ojos de ambos se entrecruzan en una mirada muy profunda... ambos se derriten con la mirada del otro... ella siente que todo le tiembla, esos ojos tiernos, su mirada tan coqueta e inquietante... el percibe el misterio en los ojos brillosos de su dama, sintiendo que su alma se revela antes sus ojos... la sangre le corre por cada célula de su cuerpo, sus manos solo atinan a acariciar levemente sus mejillas, sus labios.... Él se acerca y roza sus labios... ambos se besan, un beso largo y cargado de pasíon... y ganas contenidas....

La temperatura sube cuando los besos de él recorren el cuello de su dama, una corriente recorre la espalda de ella, todo su cuerpo se estremece, se junta a él lo más que se puede, siente el calor de los cuerpos que funden, siente su excitación que aumenta al sentir la de él

Sus piernas se enredan, como cerrando un candado del cual ninguno quiere escapar ... la sangre se eleva y llega a cada rincón... ambos quieren ganar la batalla de la seducción, pero ambos han caído rendidos, ya no importa quien resiste más... es una tontería no caer... los dos se desean...

Hilos del deseo....

 

El caminó de frente hacia ella... con toda la paciencia del mundo, con la mirada clavada en sus ojos.... Llego a unos centímetros, sin decir nada la rodeó, sin dejar de mirarla apoyo su mano sobre sus hombros... paseó tras de ella... como acechando a su presa....

Ella parada, sin mostrar gran emoción, solo esperaba volverlo a ver, el coqueteo le encantaba y sabia jugar muy bien su rol... calculaba cada paso, controlaba sus emociones.... No podía dejar que el notara sus ganas...

De nuevo frente a frente, mirándonos... él a un paso de ella... con sus manos recorriendo despacio sus brazos desde sus hombros... ella retrocede... el avanza ganando terreno... sus miradas se cruzan de nuevo.. se examinen, él sonríe y ella le devuelve el gesto... ambos saben que se desean, ambos están ahí movidos por sus pasiones y sus amores... ambos quieren entregarse ...

Ella retrocede más... lentamente la sigue... sin quitarle la mirada del rostro... sus ojos brillan al verlo, su cabeza vuela mientras su cuerpo aún está quieto, cabellos negros, largos hilos de seda brillan en un perfecto contraste con la media luz del ambiente... siente que los nervios llegan... ella lo desea y él que no se deja de acercar... esta ahí... a unos pocos milímetros... sonriendo... síii el sabe muy bien como atacar... es su sonrisa y su mirada lo que la mata.....

Pero sabe muy bien su jugada... se escapa de la pared... se mueve cual gata acorralada debajo de su brazo... sus manos se apoyan en sus brazos (wow como le gusta sus brazos), se acomoda detrás de el.. y suavemente lo voltea... él siente su olor que lo invade.. siente su piel rozarlo... cierra los ojos.. se deja llevar por sus instintos... se da la vuelta y retrocede... cual cachorro perdido la mira... ahora ella tiene el control....

Es ahora ella... quien se pega a el... sus manos en sus caderas acariciándolas muy despacio... aun sabiendo que perdió el control de la situación, sabe que no puede dejarse vencer así de fácil... sabe muy bien donde debe acariciar para que ella baje la guardia....

Es una lucha de poderes... es una lucha de placer y coqueteo... es una batalla de sensualidad, deseo y amor... es saborear esa dulce sensación de ser deseados... saber que la persona a quien deseas y amas con locura... siente lo mismo por ti....

Ella se acerca despacio... mirándolo... besando sus mejillas... él desliza sus manos lentamente por su espalda.. subiendo delicadamente...

 CONTINUARA........

 

SUEÑOS

 

Tus ojos se clavan en los míos,

Dulce mirada que se apodera de mis sentidos,

Yu boca entre abierta,

Invitándome a saciar mi sed....

 

Ojos tiernos y coquetos,

Mirada impregnada de deseo, mirada cargada de amor,

Ojos tuyos que emboban mi actuar,

Boca culpable de mis deseos...

 

Recorro tu cuerpo, lentamente...

Sin prisa rozo tu sonrisa, beso tu olor

Deslizo el libido de mi piel sobre la tuya,

Acalorando  el fuego de mi deseo, inquietando mis entrañas....

 

Recorro tu cuerpo buscando tu placer,

Estremeciendo mi ser con cada gemido lanzado al aire,

Aire cargado de pasión, de amor... de placer....

 

La suavidad de tu piel... erizas cada poro de mi cuerpo....

 

Recorro tus praderas, sintiendo la miel de tu sexo colándose en mi boca....

Recorro los placeres de tu intimidad... son tus caderas que me invitan a más....

 

El fuego de tu piel, arde en la mía,

El fuego de nuestra pasión se apodera de mis sentidos,

Es mi cuerpo el que te desea y mi corazón, que te ama con locura....

 

Mi cuerpo se quiebra...

Cuero que se refresca con gotas de sudor que mi ser emana,

Imágenes cargadas de ti...

Sueños que a mi te traen,  sueños húmedos por tu recuerdo....

CESARIO... el nuevo comienzo

 

Cesario siguió sus pasos, acompañado por un sol que minuto a minuto se ocultaba, sus pensamientos intranquilos rondaban su cabeza, imágenes de todo lo que había aprendido y las palabras de su maestro dándole las últimas indicaciones para esta prueba.

 

Él caminaba cual sonámbulo, sin rumbo y sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, sin darse cuenta como su entorno iba cambiando, paso a paso, sin saber si quiera por donde iba, pero con mucha seguridad en cada uno de ellos.

 

No estaba conciente de la hora de partida, ni de cuantas horas había caminado, lo único que tenía en mente era como iba a afrontar su nueva misión; sus pasos de pronto dejaron la suavidad del pasto y se toparon con una dureza que lo saco de mundo interior. La naturaleza estaba cortada en dos, el olor característico del campo estaba invadido por otro distinto, que no sabía distinguir; un viento helado le recorrió el cuerpo, sus ojos se pasearon de arriba abajo por todo el lugar, una franja negra partía el campo en dos.

 

Inmerso en su mente, tratando de asimilar todo dio dos pasos sobre la franja negra, cuando de pronto un sonido muy fuerte cual trompeta desafinada, largo y sin fin lo hicieron girar hacia uno de sus lados, una luz alta lo cegaba, y se le acercaba rápidamente como animal sobre su presa.

Sus músculos se tensionaron, el sudor frío dibujaba un surco de agua sobre su frente y caía por un lado de su cara, los ojos muy abiertos, esperaban impávido que la luz se detenga, el miedo le recorrió el cuerpo y por primera vez en su vida sintió que se paralizaba hasta su sangre.

 

Sus lentos reflejos se dejaron finalmente sentir, pero solo atinó a dar un paso atrás cuando la luz se detuvo justo frente a él.

-IMBECIL!!! No te han enseñado a cruzar la carretera? - se escucho del otro lado de la luz; pero lo que más lo inquietaba era sonido presente en ese momento, nunca había escuchado a un anima crujir de tal manera. Nada hasta ahora de lo aprendido en el campo le enseñó; otro paso más hacia atrás, y la luz así como llegó, se fue

 

La noche caía y la negrura del cielo se acrecentaba más en ausencia de luna, sus ojos apenas podían ver el terreno en el que pisaba; había decidido seguir aquella franja negra y ya andaba caminando más de dos horas, quizá tres, o más, no había forma de saberlo, había dejado de prestar atención al tiempo, pues necesitaba todos sus sentidos en el camino, y en controlar sus pensamientos. Muchos ruidos sonaban a su alrededor, él había estudiado a cada uno de ellos, había estudiado a la naturaleza y su forma de relacionarse; pero nunca los había sentido en tal magnitud, que unido con su temor, desconfianza, lo hacían tiritar.

 

Decidió que por aquella noche, era suficiente, ya el cuerpo estaba muy cansado para seguir, sus ojos agotados de intentar ver a través de la oscuridad, su mente ausente en el presente, pensando en lo que estaría haciendo si su maestro no le hubiese dado esta misión. Se sentó debajo de árbol de ramas amplias, de aquellos tan tupidos que no hay rayo de luz que lo pueda atravesar; conocía muy bien los elementos de la naturaleza, sentado y con mayor tranquilidad hizo fuego para calentar aquella fría noche; y fue el justo momento para darse cuenta lo idiota que había sido, aquel fuego le proporcionaba también de luz; tantos conocimientos no le valieron de nada, pues no tuvo la claridad para ver lo que podía hacer.

 

Pedacito de Cielo

Rayo de luz que alumbra el espacio

Sonrisa tuya que indica el camino

Ojitos brillosos… encanto de la noche

Suave piel que exploro…

Agitación de sensaciones,

Virtudes en las manos

Es tu piel que vibra con mis labios recorriéndola,

Tiemblo al ver tus ojos cerrados…

Tu boca entre abierta… cabeza tirada para atrás….

Tu cuerpo se tensa… músculos contraídos….

Exploro desde el sur… hacia el norte…..

Excitación que gana al cansancio….

Risas y palabras leves…. Gemidos que con los segundos llegan….

Entre sabanas tus tornados muslos se abren paso….

Y es tu delicado sexo que acaricio con mi respiración….

Es aquella delicada combinación de seducción, pasión y amor….

Es mi lengua la llamada a dirigir la exploración…

baja desde la grandeza de tus senos,

rozando tu vientre.. jugando en tu piel erizada…

Cual delicada flor, abres tus pétalos para mi…

Y es mi lengua quien la baña con suavidad…

Buscando aquel pedacito de cielo, llamado clítoris,

El mismo que me encanta consentir…

Movimientos leves… en círculos… de arriba hacia abajo…

Texturas que cambian…. Caderas tuyas que se mueven a mi compás

respiración agitada al máximo, mas sin apuro sigo en mi labor….

rodeándolo con mis labios… endurecido para mi….

Succionando y sintiendo la miel de tu sexo…

Disfruto de cada gota que cae para mí….

Y disfrutas cada segundo que las recibo

Tus manos apretan las mías….

Quiebre en tu cuerpo…

Oscuridad que se corta con tus suspiros de placer

Más profundos y más fuertes….

Es ese pedacito de cielo tuyo….

Que tanto placer te da.-.

Que tanto placer me da…