Ojos de niño....
El Sol apenas se mostraba en el cielo, y por acuerdo con mi chinita, me quede sentado en una esquina cerca de mi casa esperándola a que vuelva para emprender un corto viaje.
Con musica que llegaba a mi oídos mis ojos revisaban cada detalle de la avenida, veia a mucha gente pasar, autos, buses, motos, gente…. Personas que pasaban, y otras que esperaban.
Pero mis ojos se distrajeron al ver una vara en el cielo, que bajaba y subía, la tiraban y esta caía; era un niño que hacia un show de malabarismo en la calle, jugaba con esta vara que la impulsaba usando dos bastones en sus manos, esperaba a que los autos con una luz roja del semáforo se detuvieran. Me quede asombrado como cada nuevo intento le salía mejor, esperaba el cambio de luz y aprendió a calcular el tiempo exacto necesario que necesitaba para su show, calculando que debía pasar por cada ventana antes que cambie al verde.
Pero nadie le daba siquiera una mirada, sus ojos desinteresados no voltean a ver a aquel niño que con su mirada los buscaba para recibir alguna moneda. Y sentado ahí, sin ser siquiera las 9 am, me di cuenta de lo injusta que es la vida, me confirme que somos (por que admito que en algún momento me he comportado así) indiferentes con las cosas que pasan a nuestro alrededor.
Estando ahí, sentado a un lado de aquel pequeño, viendo su esfuerzo, y sus ganas de no claudicar, me sentí afortunado, pues es cierto que el éxito depende del esfuerzo de cada uno, soy afortunado al igual que muchos de uds, de haber nacido en una cuna donde no falto comida, ni ropa, ni mucho menos amor, soy afortunado de haber nacido en una cuna, que con el tiempo se llenó de posibilidades para salir adelante.
Y ese esfuerzo dio sus resultados, de pronto casi no dejaba caer al suelo la vara, de pronto ya no miraba el semáforo para saber en que momento entrar al ruedo y en que momento salir de este; y todo su esfuerzo poco a poco le dio ganancias, por que se elevó la cantidad de personas que bajaban el vidrio de su auto para con un sonrisa en los labios, darle una moneda.
Me levante pues mi chinita había llegado, nos dispusimos a caminar, pero no podía irme sin siquiera saber el nombre de aquel muchachito; y con un par de momeadas en la mano le pregunte su nombre, Pedro me respondió, y logre ver en sus ojitos, un rastro de inocencia, un rastro de niño; pues a pesar de que trabaja en la calle, y que tiene que afrontar problemas y situaciones que no son para su edad y que lo hacen madurar antes de tiempo, aún no pierde esa alegría de su sonrisa, ni la picardía de sus ojos de niño.
Este es, simplemente un relato de algo que me paso, de unos minutos que me hicieron pensar, que me hicieron agradecer… este es un relato para ese niño, que injustamente, sale a las calles para poder comer…

Dacil dijo
Hola!
pasaba a visitarte!
muy bueno tu post
saludos
da**
8 Enero 2008 | 04:45 PM