CESARIO... el nuevo comienzo
Cesario siguió sus pasos, acompañado por un sol que minuto a minuto se ocultaba, sus pensamientos intranquilos rondaban su cabeza, imágenes de todo lo que había aprendido y las palabras de su maestro dándole las últimas indicaciones para esta prueba.
Él caminaba cual sonámbulo, sin rumbo y sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, sin darse cuenta como su entorno iba cambiando, paso a paso, sin saber si quiera por donde iba, pero con mucha seguridad en cada uno de ellos.
No estaba conciente de la hora de partida, ni de cuantas horas había caminado, lo único que tenía en mente era como iba a afrontar su nueva misión; sus pasos de pronto dejaron la suavidad del pasto y se toparon con una dureza que lo saco de mundo interior. La naturaleza estaba cortada en dos, el olor característico del campo estaba invadido por otro distinto, que no sabía distinguir; un viento helado le recorrió el cuerpo, sus ojos se pasearon de arriba abajo por todo el lugar, una franja negra partía el campo en dos.
Inmerso en su mente, tratando de asimilar todo dio dos pasos sobre la franja negra, cuando de pronto un sonido muy fuerte cual trompeta desafinada, largo y sin fin lo hicieron girar hacia uno de sus lados, una luz alta lo cegaba, y se le acercaba rápidamente como animal sobre su presa.
Sus músculos se tensionaron, el sudor frío dibujaba un surco de agua sobre su frente y caía por un lado de su cara, los ojos muy abiertos, esperaban impávido que la luz se detenga, el miedo le recorrió el cuerpo y por primera vez en su vida sintió que se paralizaba hasta su sangre.
Sus lentos reflejos se dejaron finalmente sentir, pero solo atinó a dar un paso atrás cuando la luz se detuvo justo frente a él.
-IMBECIL!!! No te han enseñado a cruzar la carretera? - se escucho del otro lado de la luz; pero lo que más lo inquietaba era sonido presente en ese momento, nunca había escuchado a un anima crujir de tal manera. Nada hasta ahora de lo aprendido en el campo le enseñó; otro paso más hacia atrás, y la luz así como llegó, se fue
La noche caía y la negrura del cielo se acrecentaba más en ausencia de luna, sus ojos apenas podían ver el terreno en el que pisaba; había decidido seguir aquella franja negra y ya andaba caminando más de dos horas, quizá tres, o más, no había forma de saberlo, había dejado de prestar atención al tiempo, pues necesitaba todos sus sentidos en el camino, y en controlar sus pensamientos. Muchos ruidos sonaban a su alrededor, él había estudiado a cada uno de ellos, había estudiado a la naturaleza y su forma de relacionarse; pero nunca los había sentido en tal magnitud, que unido con su temor, desconfianza, lo hacían tiritar.
Decidió que por aquella noche, era suficiente, ya el cuerpo estaba muy cansado para seguir, sus ojos agotados de intentar ver a través de la oscuridad, su mente ausente en el presente, pensando en lo que estaría haciendo si su maestro no le hubiese dado esta misión. Se sentó debajo de árbol de ramas amplias, de aquellos tan tupidos que no hay rayo de luz que lo pueda atravesar; conocía muy bien los elementos de la naturaleza, sentado y con mayor tranquilidad hizo fuego para calentar aquella fría noche; y fue el justo momento para darse cuenta lo idiota que había sido, aquel fuego le proporcionaba también de luz; tantos conocimientos no le valieron de nada, pues no tuvo la claridad para ver lo que podía hacer.
laleo dijo
tantos conocimientos no le valieron de nada, pues no tuvo la claridad para ver lo que podía hacer. y pienso y digo tantos acontesimientos que se me presentaron y no hice nada vaya si que tiene reflexiones tu relato de Cesareo., sabes Cariñito mio me ausente por un tiempo pero ya estoy de vuelta con animos de hacer lo que me apasiona que es Escribir
besitos y espero que te encuentres bien
Te Quiero y Te Extraño Mucho
20 Marzo 2009 | 05:12 PM